
“No debemos aspirar a la libertad oprimiendo al prójimo, sino viviendo la vida de la forma que elegimos y pensando cómo queremos. Nuestras acciones nunca deben impedir que los demás actúen y piensen libremente, como nosotros lo hacemos”. Bertrand Russell
La vida en pareja es una aventura sin límites, donde no importa el tiempo, nunca dejamos de asombrarnos y de aprender cosas nuevas de nuestra pareja. Es un viaje de dos que esperamos tarde muchos años, nos permita crecer como personas, como mujeres, como humanos. Nos brinde seguridad, felicidad, satisfacción y tranquilidad.
Y en efecto así es, pero hay que dedicarse para obtener lo mejor y cuidarnos de lo que nos podría dañar. Es un proceso a largo plazo y requiere de dos partes que quieran caminar lado a lado con un horizonte en común…aunque una lo haga en avión y la otra en barco, aunque una duerma por la mañana y la otra por la tarde, aunque una prefiera el verano y la otra el invierno, el arte está en la combinación, en la paciencia y en nuestro corazón.
Hace poco, estuve platicando con una persona que me preguntaba cómo abordar el tema sobre sexo, en su relación de pareja de ya varios años, pues a pesar de vivir juntas, es difícil hablar sobre ello.
Entonces me puse a investigar al respecto y encontré una gran cantidad de información relacionada que me indica, es una situación más frecuente de lo que imaginaba.
Sobre todo porque es otro tema tabú en el ambiente lésbico y no me extrañaría que a todo nivel. Las parejas hacen el amor, tienen sexo, pero no hablan del mismo. Muchas se apoyan en mitos y expectativas que no aplican a la realidad, como lo es entre otras cosas, la idea de que sólo alcanzando el orgasmo la persona logra estar sexualmente satisfecha en un encuentro íntimo, por ejemplo.
Es muy fácil adoptar una postura defensiva cuando se toca el tema del sexo en una relación y sobre todo si existen diferencias en el deseo que cada una experimenta.
La sugerencia a este punto que predomina en la literatura es que exista la disposición de ambas partes de hablar honestamente sobre sus sentimientos y el por qué surge esa actitud defensiva.
Pero veamos un poco más allá de lo obvio o mejor dicho, veamos lo que se da en todos y en todo momento. El hablar sobre sexo es incómodo, ya sea con los padres, los hermanos, los más jóvenes o los más ancianos de la familia, ni pensarlo en que sea tema de sobremesa con los colegas, amistades o incluso, con la pareja.
No logramos hablar con soltura ni siquiera cuando vamos a chequeo médico y necesitamos tratamiento o consejo profesional. Entonces, por la sociedad, la familia, nuestra propia actitud, nuestros condicionamientos y muchos factores más, no estamos acostumbradas a hablar de sexo y nos incomoda.
En mi caso, no negaré que es un tema que me apasiona, pero definitivamente es difícil encontrar eco, o poder ser del todo sincera y desinhibida, sin arriesgarse a ofender o herir susceptibilidades, no digamos pecar de obscena, libertina o depravada.
Pero mantenernos en silencio con lo que respecta al sexo, nos mantiene ignorantes y potencialmente conlleva a resultados de salud sexual negativos, (que va desde tener sexo insatisfactorio, hasta el riesgo de adquirir enfermedades de transmisión sexual).
Otra desventaja de callar sobre el tema del sexo, es que nos permite perpetuar los mitos sexuales que raramente son ciertos, pero “suenan” verdaderos ante la falta de una comunicación sexual abierta y honesta.
Encontré unos cuantos consejos sobre qué NO hacer si queremos mejorar nuestra comunicación sexual:
· Uno de los múltiples mitos sexual, insta a las persona s a creer que para ser grandes amantes se necesita poder leer la mente de los otros, en vez de mejorar nuestra comunicación. La comunicación no siempre se trata de hablar, pero parece ser que la clave para tener muy buen sexo, es poseer la habilidad de poder hablar al respecto. Y definitivamente es mucho más fácil hablar, que leer la mente.
· Otro mito implica el miedo al rechazo sexual y hacer el ridículo al expresar opiniones “inapropiadas” respecto a deseos o fantasías sexuales. Limita la posibilidad de hablar honestamente y sin temor de aspectos que no dañan sino que enriquecen la experiencia sexual individual y en pareja.
· Con pocas excepciones, todos nacimos y fuimos criadas con algún tipo de creencia sexual negativa. No está de más agregarle la connotación si es sexualidad homosexual. Y no necesariamente esas ideas equivocadas vienen sólo de la familia, sino que de la escuela, universidad, la propia comunidad lésbica y homosexual.
· Otro mito es que el sexo es espontáneo, que no se necesita investigar, leer, escuchar, ver, preguntar, para saber cómo amar. El tener un contexto para poder dialogar en las múltiples opciones y variantes y modificaciones aplicables al sexo entre dos personas es muy extensa, pero hay que informarse y también abrirse a la posibilidad de cambios, innovaciones y ultimadamente, mejoras.
· Un mito más es que para tener sexo no se necesita hablar. Pero olvidamos que parte del acto sexual amerita comunicarse y aunque el lenguaje corporal es muy importante, también lo es el lenguaje verbal. Saber lo que pasa no sólo por un gemido que puede ser de dolor o placer, sino porque si existe la duda, la aclaración puede permitir un encuentro amoroso satisfactorio o evitar una práctica sexual incomoda, sin cortar con la armonía de la pareja en cuestión. Es reconfortante poder escuchar de la amada, cómo siente, qué quiere y cómo lo quiere y a la larga descubrir que hay más en común de lo que pensaban.
En fin que la comunicación sexual entre parejas no está del todo en la mejor posición para muchas. Cuando me preguntaron, no fui la más versada ni conocedora del tema, pero creo que es una oportunidad para aprender y quién sabe, incluso tomar un poquito de aquí y de por allá para mi propia relación. El punto es que el tocar este tema es un ganar-ganar, para quien lo lee y para quien lo escribe.
Tengo más que compartir, de tal forma que quiero extenderme en este tópico. No hay mucha información fácilmente disponible de la sexualidad lésbica, aunque si se busca, se encuentra.
